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Sistema Electoral
Desde comienzos de la democracia en 1983, el debate sobre el sistema electoral argentino fue in crescendo, como parte de un debate más de fondo, que es la reforma política. Esta está ligada especialmente a una recuperación de legitimidad por parte de las instituciones.

La reforma del sistema electoral se refiere básicamente a la mejora de la representatividad, centrada sobre todo en la constitución de las listas partidarias. El sistema electoral es modificado no tanto por sí mismo, sino por los métodos de selección partidaria de cargos electivos, sobre todo legislativos. La lista sábana, y el desconocimiento de los votantes de la conformación de la lista partidaria, son los ejes a los que se plantea modificar desde esta reforma. Las internas abiertas representan un primer intento desde los partidos por modificar el sistema de selección de sus candidatos, democratizando este proceso, haciendo partícipe a la población (no solo a los afiliados) del mismo. Sin embargo, no todos los partidos adoptaron este sistema, y los que lo hicieron, lo han realizado en pocas ocasiones.

El régimen electoral, entonces, no se limita a los mecanismos que rigen la emisión del voto y su conversión en bancas o escaños. Las reformas al régimen electoral rozan la organización electoral general y partidaria especialmente.

Es decir cambios de geografía, que suscitaran cambios en el número de cargos a elegir por distrito. Este tipo de proposiciones, tiene que ver con la conveniencia de un partido político respecto a posicionar la mayor cantidad de funcionarios electos, en un determinado distrito en el cual es tradicionalmente ganador.

La fórmula electoral vigente es el sistema D´Hont de representación proporciona con una barrera del 3% del padrón electoral. Este sistema se aplicó por vez primera en las elecciones de 1957 para constituyentes, en oportunidad de una reforma de la Constitución y rigió a partir de las elecciones para Diputados en 1963. La barrera en esas elecciones era de 8% y se mantuvo hasta las elecciones de 1973.

El sistema de mayoría simple con lista plurinominal se aplicó hasta 1912 (excepcionalmente en 1904 esto fue cambiado por circunscripciones uninominales). La ley Sáenz Peña estableció el sistema de lista incompleta o de los dos tercios que se utilizó hasta 1962, salvo en el período que va entre 1951- 1954, en que se utilizaron circunscripciones uninominales con mayoría simple.

El país está dividido en distritos o circunscripciones plurinominales, que son las provincias. Las listas partidarias son cerradas bloqueadas, aunque se establece la posibilidad del corte de boleta. La combinación de la fórmula electoral – representación proporcional con listas plurinomianles cerradas favorece un mayor número de partidos. Este hecho concuerda, según Liliana de Riz, en ¨ El debate sobre la Reforma electoral en Argentina ¨ (CEDES), con una organización federal del estado argentino, y privilegia a los partidos frente al elector.

Las denuncias provienen tanto de los partidos perdedores como de los ganadores. Cabe destacar asimismo, que esta reforma en los sistemas electorales provinciales, no contó con el consenso suficiente por parte de las legislaturas provinciales. Tampoco, critican los expertos en sistemas electorales, se ha dado la información suficiente a candidatos y electores sobre el funcionamiento de este tipo de sistema electoral.

La Ley de Lemas responde entonces a una fragmentación del escenario político en general, en cuanto a la proliferación y diversificación de intereses de la población. Pero también ella responde a una fragmentación interna de los partidos políticos tradicionales de cada distrito, sumergidos en plena reorganización interna, pos vuelta a la democracia en 1983´.

También el sistema de tachas, empleado en Tierra del Fuego acarreó resultados no esperados, incrementado el faccionalismo hacia el interior de los partidos, en vez de neutralizarlos, como era el objetivo inicial. En definitiva, los sistemas electorales, y los experimentos de ingeniería institucional que con ellos se hace, reflejan el conflicto inter partidario e intra partidario, los cuáles se reflejan en el momento de decidir el mejor sistema electoral en las legislaturas. Pero lo más importante a tener en cuenta, es que, para que los sistemas electorales, den los resultados teóricamente esperados en la práctica, deban estar arraigados en la sociedad que los vivencia.

 

 

 







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