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| Desde Abril 2006 - Martes y Jueves desde las 15 hs. en Radio Splendid
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| La desigualdad social y una posible solución: la educación en valores humanos |
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| En esta presentación trataré de hacer un breve esbozo sobre la realidad política de mi país, la Argentina, y me enfocaré en los temas específicos en los que vengo trabajando desde hace años: la integración y los valores. Creo que el país saldrá adelante sólo cuando la gran cantidad de excluidos o marginados que el sistema hoy provoca, tengan la posibilidad de ser escuchados y partícipes de la vida en sociedad. |
A primera vista el informe es desalentador, pero existen indicios y razones para avizorar un futuro mejor para todos. Los números fríos no contemplan la inmensa potencialidad humana de crear abundancia y soñar un mañana diferente.
Los programas económicos y modelos culturales-sociales implementados y seguidos durante las últimas décadas facilitaron la decadencia y colaboraron en provocar la fragmentación que se percibe. Pero es la educación (o des-educación) lo que ocasionó el mayor colapso ya que es la raíz originadora de las acciones siguientes. Estamos ante la gran posibilidad de generar un cambio.
En diferente medida siempre fue el Estado quien principalmente se ocupó de intentar paliar estos hechos. Se implementaron políticas y medidas aparentemente salvadoras diseñadas por técnicos especialistas, con poco éxito por cierto. Muchas veces las propuestas resultaron tenues, otras resistidas y otras equivocaron el rumbo o directamente ignoraron la verdadera raíz del problema.
Se encararon programas de asistencialismo, leyes burocráticas, acciones que mejoraban un aspecto del problema pero perjudicaban otros, hechos de corrupción, etc.. Más recientemente se sumó un sector, llamado tercero o social, formado por ciudadanos conscientes de los problemas para intentar abastecer las áreas en que el Estado no fue eficiente y para saciar cierta sed de servicio.
Podría mencionar muchos índices que aparentemente trazan un indicativo de la realidad Argentina y por qué estamos como estamos. Dos terceras partes de la población viven en la pobreza.
El desempleo ronda los niveles más altos de la historia: 17% según cálculos oficiales y aún más si se considerara la subocupación o el empleo precario. Justamente, al crear falsos indicadores a través de los programas de ilusoria ayuda social se fomenta en los %93beneficiarios%94 la pereza y la consiguiente sensación de indignidad de sí mismos que conspira contra el fortalecimiento del capital social y la autoestima.
Las personas con algún tipo de discapacidad que no gozan de una equiparación de oportunidades ronda el 10% de la población, la deserción escolar de niños podría llegar al 60% solo en la Provincia de Buenos Aires y en el interior (sin cifras oficiales) sería aún mayor, muchos niños viven en las calles sin esperanzas, los niveles de violencia juvenil y familiar son cada vez más alarmantes, el medio ambiente degradado, etc., etc.
En suma, todos estos indicadores nos muestran que las cosas no están bien y que es impostergable un cambio.
La escuela, que es el lugar de formación y transformación donde se incorporan los conocimientos fundamentales para el desarrollo del hombre en sociedad, siempre se preocupó por formar a los habitantes para intentar ganarse la vida.
Todos los programas educativos formales estuvieron encaminados a la mera impartición de conceptos técnicos tendientes a lograr en el futuro profesional una actitud de maximización de los recursos con un mínimo costo, a la correcta administración de la escasez y a ver al hombre como un factor de producción limitado. A partir de esto, la ciencia tuvo un desarrollo espectacular que hizo más cómoda y compleja la vida en sociedad.
También se vislumbran avances científicos y tecnológicos que facilitan las condiciones de vida para algunos grupos privilegiados que alcanzan a disfrutar los beneficios que el mercado provee y otros marginados por la pobreza que la globalización provoca.
Esta visión reducida y estática de la realidad intentó estandarizar a los seres humanos como si se tratase únicamente de máquinas pensantes, ignorando la integralidad del ser y la riqueza de |
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| Por Atilio Pascual Tazzioli |
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